‘101 Dálmatas, The Show’: la reinvención de un icono
Cruella de Vil vuelve a los escenarios con una fuerza arrolladora en “101 Dálmatas, The Show”, una propuesta escénica que mezcla moda de alto voltaje, coreografías espectaculares y una banda sonora con alma urbana. Esta reinvención sitúa a la villana más célebre de la cultura popular en el centro de su propia historia, reinterpretada como una reina de las redes que aprende —a golpe de triunfo, traición y caída— que la vida se vive, no se publica.
Con estética poderosa, narrativa contemporánea y una factura visual tan elegante como desafiante, el montaje regresa a Madrid para una nueva temporada que promete sorprender incluso a quienes ya la vivieron por primera vez.
Lejos de un simple relato maniqueo, esta versión penetra en las contradicciones de un personaje magnético. La fama como combustible, el ego como espejo, la imagen como campo de batalla y el público como tribunal: el espectáculo convierte la figura de Cruella en una alegoría del mundo digital. Su caída en desgracia no es tanto un final como un punto de partida para reclamar su trono con más determinación, estilo y carisma que nunca.
Estética de tres colores: blanco, negro y rojo
El universo visual del show se articula en torno a una paleta radical y simbólica: blanco, negro y rojo. No es un capricho cromático: define la identidad del montaje y dialoga con el personaje en cada escena. El blanco y el negro remiten a la dualidad (virtud/ambición, máscara/verdad), mientras que el rojo suma tensión, peligro y deseo.
Sobre esa tríada se elevan materiales con presencia escénica —tachuelas, vinilos brillantes, pieles sintéticas— y siluetas esculturales que recuerdan a los volúmenes imposibles del prêt-à-porter más teatral.
Las referencias creativas no se ocultan: hay ecos de las arquitecturas textiles de Thierry Mugler y de la precisión narrativa de Colleen Atwood —tres veces ganadora del Óscar al Mejor Vestuario—, filtrados aquí a través de una mirada actual. El resultado es un vestuario que mezcla ecos del siglo XVII con una estética leather contemporánea, generando imágenes poderosas, de corte casi cinematográfico. El abrigo de Cruella, convertida en emperatriz de sí misma, funciona como manifiesto: autoridad, poder y decisión, pero también fragilidad protegida por la coraza del estilo.

Música urbana y coreografías de gran formato
“101 Dálmatas, The Show” avanza con pulso rítmico gracias a una selección musical que bebe del hip-hop y los sonidos urbanos con espíritu noventero. La partitura —con arreglos que equilibran contundencia y melodía— sostiene números coreográficos de alto impacto, inspirados en el gran espectáculo televisivo: la energía de una “halftime show” de la Super Bowl trasladada a las tablas, con precisión milimétrica y vocación de asombro. Los cuadros se suceden con dinamismo, alternando momentos íntimos con explosiones corales en las que la escenografía y la iluminación dan un paso al frente para transformar por completo la atmósfera.
Lejos de quedarse en la pirotecnia visual, las coreografías sirven a la narrativa. Cada paso acompaña la evolución de Cruella, desde la arrogancia inicial amplificada por la fama hasta la introspección que aparece tras la caída. El movimiento cuenta, subraya y contradice, jugando con la tensión entre lo público y lo privado en la vida de una estrella digital cuya reputación se dirime a la vista de millones.
Artesanía en escena: los dálmatas cobran vida
Uno de los grandes atractivos del montaje es el trabajo de marionetas diseñado por la artista visual germanoecuatoriana Valiana Areco. Pongo y Perdita, junto a sus cachorros, aparecen en escena con un realismo sorprendente y proporciones fieles, lo que permite que el público acepte de inmediato su presencia como la de personajes de pleno derecho. El diseño, la construcción y la manipulación se funden en una coreografía silenciosa que dota a los perros de expresividad y ritmo, integrándolos con naturalidad en las escenas.
La sensación de vida no se logra únicamente por la calidad de la factura, sino por la forma en que las marionetas se relacionan con el espacio, la luz y la música. El resultado es una sinergia entre técnica y emoción que cautiva tanto a espectadores jóvenes como a adultos, y que sitúa a estas criaturas como motor sensible del relato. Es, además, una muestra de cómo la artesanía bien entendida puede convivir con la espectacularidad contemporánea.
María Adamuz: una Cruella más diva que nunca
La interpretación de María Adamuz aporta el carisma y la versatilidad que exige un personaje como Cruella. Premiada con el Teatro Musical a la Mejor Actriz Protagonista en 2017, Adamuz abraza la reinvención: deja entrever a la influencer todopoderosa que domina la conversación global, pero también a la mujer que duda, teme y se recompone. Su trabajo vocal y físico navega entre la sofisticación y la fiereza, permitiendo que cada número brille con identidad propia.
Su Cruella es contemporánea sin perder el perfume de leyenda. Más que una villana unidimensional, se presenta como una antiheroína que aprende a decidir quién quiere ser fuera del ruido, sobre el escenario y a la vista del público. Esa ambigüedad —magnética y peligrosa— es parte sustancial del atractivo del espectáculo.
Elenco principal
El reparto sostiene el nivel de exigencia con intérpretes que equilibran presencia, voz y capacidad para la comedia física:
- @Cruella: María Adamuz
- @Anita: Anabel García
- @Roger: Fran Moreno
- @Gaspar: Daniel Garod
- @Horacio: Ezequiel Rojo, Sergio Arce
- @Policía bueno: Manuel Ramos
- @Policía malo: David Velardo
- @Swing Cruella: Mary Capel
- @Swing Anita: Marta Oliva
Las réplicas y contrarréplicas fluyen con ritmo, y el contraste entre los personajes principales y los secundarios aporta respiro cómico sin perder tensión narrativa. El trabajo coral se percibe en la precisión de los números grupales, donde el conjunto funciona como una sola máquina expresiva.
Cuerpo de baile
El cuerpo de baile es el motor cinético del show. Su precisión, limpieza y energía convierten cada transición en un pequeño espectáculo:
Melisa Fucci, Lara Díaz Padrón, Paula Nocella, Mary Villafaina, Claudia Aranda, Lidia Carmona, David Edo, Pedro Dorta, Aitor Nite, Alejandro Viñas, Nico Sánchez y Alejandro Déniz construyen, con su versatilidad, la musculatura coreográfica que sostiene la historia. Los cambios de estilo —del golpe urbano al pulso pop— se resuelven con solvencia, cohesión y una presencia escénica que llena el espacio.
Equipo creativo y técnico
La solidez del espectáculo se apoya en una ficha técnica con experiencia en grandes producciones. Cada departamento firma una pieza clave del resultado final:
- Basado en la novela: Dodie Smith
- Dirección: José Félix Romero
- Dirección de producción: Cristina Sánchez
- Arreglos musicales: Pablo Navarro
- Diseño de vestuario: Eduardo de la Fuente
- Concepto musical original (creación y arreglos): Koke Alzaga y Javier García Cordero
- Adaptación de guion original: Macarena Hernández-Gil
- Escenografía: David Pizarro y Roberto del Campo
- Dirección técnica: Carolina Mesa
- Diseño de iluminación: Ezequiel Nobili
- Programación de luces: Diego San Martín
- Diseño de sonido: Tuti Fernández
- Ayudantía de vestuario: Jose Cantero
- Sastrería: Natalia Muñoz
- Ayudantía de sastrería: Ainhoa del Castillo
- Ayudantía de producción: Macarena Díaz
- Pelucas y maquillaje: Mika Lai
- Diseño de marionetas: Valiana Areco
- Diseño gráfico: Cristina Soria
- Foto y vídeo: Nelson Parà
- Marketing: Celia del Barrio
- Comunicación y prensa: —
- Producción: Gran Teatro CaixaBank Príncipe Pío
La escenografía propone espacios modulables que, con pocos gestos, cambian de ambiente y escala; la iluminación no solo dibuja y resalta el vestuario, sino que narra estados de ánimo, juega con las sombras y enmarca a Cruella en composiciones icónicas; el sonido sostiene un equilibrio nítido entre bases rítmicas, voces y efectos; y el vestuario lo culmina todo con una coherencia estética reconocible a simple vista.
Sintaxis visual y dramaturgia del espectáculo
La dramaturgia se construye en capas: la iconografía pop de Cruella, la sátira del ecosistema digital y el pulso emocional de una protagonista que aprende a gestionar su reflejo público. Los símbolos —los colores, el abrigo, los brillos, las texturas— tienen una función narrativa, igual que el juego de cámaras imaginarias al que remiten algunas composiciones escénicas, como si el teatro fuese también un plató. Ese diálogo entre teatralidad y cultura audiovisual acerca la propuesta a públicos diversos y actualiza un mito sin diluirlo.
El ritmo alterna grandes números corales con escenas de proximidad que bajan la pulsación para dejar respirar al personaje. Esa estructura, unida a la música y al movimiento, hace que la experiencia resulte inmersiva, vibrante y, al mismo tiempo, clara en su progresión.
Datos de interés
- Espectáculo: 101 Dálmatas, The Show
- Ciudad: Madrid
- Teatro: Gran Teatro CaixaBank Príncipe Pío
- Dirección: Cuesta de San Vicente, 44
- Horarios: Consultar cartelera
- Venta de entradas: tickets.oneboxtds.com
- Web: laestacion.com
Recomendado para amantes de los grandes montajes musicales, la moda con personalidad y los relatos que rehúyen los blancos y negros. La propuesta cuida especialmente la experiencia del público: desde la visibilidad hasta el impacto sonoro, pasando por el detalle del vestuario y la cercanía entre intérpretes y espectadores. Quienes disfrutaron de su primera temporada encontrarán nuevos matices; y quienes la descubran ahora, un universo que atrapa desde el primer compás.
Por qué volver a verla (o verla por primera vez)
- Una protagonista inolvidable: Cruella, en clave contemporánea, con una lectura de la fama que resuena hoy.
- Una estética reconocible y audaz: blanco, negro y rojo al servicio de una iconografía con carácter.
- Números musicales de alto voltaje: ritmo urbano, guiños noventeros y coreografías de gran formato.
- Artesanía que emociona: marionetas realistas que dotan de vida propia a Pongo, Perdita y su familia.
- Un equipo creativo solvente: una suma de talentos que equilibra espectáculo y relato.
“101 Dálmatas, The Show” no busca solo deslumbrar: quiere contar algo sobre el brillo y su reverso, sobre la identidad y el deseo de ser visto, sobre la delgada línea que separa el personaje de la persona. Y lo hace con inteligencia, humor, ritmo y una estética que se queda en la retina mucho después de que caiga el telón.
Si te apasionan los musicales que arriesgan en la forma sin perder el fondo, esta es una cita imperdible en la cartelera madrileña de octubre de 2025. Prepara tu mejor outfit, afina el oído para los temazos y déjate conquistar por una villana que —tal vez— no sea tan villana cuando la miras de frente.
Consejo práctico: consulta la disponibilidad de entradas con antelación y elige sesión según tus preferencias de visibilidad y horario. Las funciones con mayor presencia de público suelen tener una energía especial en los números corales, mientras que las funciones más tranquilas permiten saborear con pausa los detalles del vestuario y la iluminación.
En definitiva, una producción con sello propio que suma entretenimiento, músculo escénico y personalidad estética. Cruella ha vuelto para quedarse, y su rugido —entre el estallido pop y la confesión íntima— promete no dejar a nadie indiferente.
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