Wiccan Play Blues nace como un sello con una mirada clara: reivindicar a mujeres artistas que han acumulado vida, cicatrices, verdad y oficio, pero que demasiadas veces se encuentran con una industria que mira hacia otro lado cuando el calendario avanza. Con una apuesta firme por el rock, el blues y el soul con acento propio, el proyecto no pretende fabricar productos de consumo rápido, sino construir una casa artística para voces con historia.
En esta entrevista para Planeta28, hablamos con el equipo de Wiccan Play Blues sobre edadismo, autenticidad, sostenibilidad, legado, nuevas artistas y una forma de entender la música que se aleja del plástico para volver a poner en el centro la emoción, los instrumentos reales y las canciones con alma.
Jaja, bueno, no sé si “alergia” es una palabra un poco fuerte, pero un puntito de salir corriendo, sí.
Es algo que va un poco más allá del talento o la fecha de nacimiento. Las artistas que nos llegan están cansadas de andar solas y defender su proyecto sin apoyo; buscan “casa”, así es como lo sentimos todas.
Por supuesto que hay una serie de temas legales que siempre hay que tocar porque nos mueve algo muy social, pero no deja de ser un sello. Y, por supuesto, el estilo de música es muy importante para poder hacer piña, para que se puedan crear sinergias reales y que vayan muy en la línea del sonido americano. Se defiende lo que se conoce.

No y sí. Buscamos que entiendan que ese “factor” no es un hándicap, sino algo positivo; pero otras artistas están simplemente empezando ahora, sin más.
Traducir esa “verdad” significa, ante todo, priorizar la interpretación. Dejamos que el alma de las composiciones respire, que se capture la emoción. Por eso algunos temas pueden parecer poco elaborados —o con falta de autotune—, pero en ese punto de honestidad está la magia.
Además, detrás de cada una de las grabaciones hay un ser humano tocando un instrumento: el Hammond es un Hammond y los saxos son saxos. Sobre todo, con las grabaciones que vienen vamos a priorizar la franqueza en la voz y en el instrumento.
También respetamos la narrativa de las artistas. Ellas cantan sus historias y, ¿quiénes somos nosotras para decir lo contrario? Si hasta ahora has hecho rock y quieres pasar al blues porque es lo que te nace, ¡ole tú!
Para verano entrarán en estudio tanto Rut Guerrero como Mammy Blue. Hay una nueva artista aún sin presentar que estará desde otoño sacando un LP completo por singles y, si todo va bien, yo estaré para invierno entrando en estudio.

Por otro lado, Iradya empezará próximamente la grabación de un discazo de blues con influencias palestinas.
Ahora estamos diciendo al mundo: “Hola, aquí estamos”. A partir de otoño vamos a decir lo mismo, pero con sonido.
En primer lugar, es hostil porque no ven más allá de un metro de sus narices, porque el talento está y el público —por cierto, mayoritario— también está.
Obviamente, hay dos asuntos que se están cociendo en el background que nos van a facilitar el sostén de este primer arranque, pero el sello se va a interesar mucho por las sincros y, probablemente, por la creación de un festival.
Pero, como todo, detrás hay muchas horas y mucho trabajo, aunque estamos encantadas y esperanzadas. Aun así, todavía estamos hablando con nuevas artistas para que se unan al proyecto.
Esto es, y lo tenemos claro, una carrera de fondo: se gana por cabezonería y poca vergüenza. Jaja.
Totalmente, pero no solo queremos ser un rincón estilo Las Vegas, ¡noooooo! Queremos y vamos a ser referente. Estamos construyendo algo que no va a ser fugaz.
Pero decir “legado” suena a naftalina. Nuestra intención es que nuestras artistas estén en la normalidad de la música que se consume, no en la anécdota.
En mi caso, te podría contar mil y una anécdotas de gente que, cuando les explico el proyecto, me dicen: “Pues sí, lo que hay no me representa ni cuenta mis problemas del día a día”.
Algunas mujeres me preguntan: “¿Por qué no puede haber canciones que hablen de la soledad de cuando el nido se vacía, o de cuando te sientes arrugada y la sociedad te presiona?”.
Otras dicen eso de: “Echamos de menos cuando Luz Casal hacía rock”, o “siempre están los mismos haciendo lo mismo”… ¿Sigo? Jaja.
Wiccan Play Blues se presenta así como algo más que un nuevo sello: una declaración de principios frente a una industria que todavía tiene demasiadas cuentas pendientes con las mujeres, la madurez artística y las canciones que nacen de la verdad.

