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Laia Alcolea: «PIEL es el comienzo de la búsqueda de mi lugar propio»

Laia Alcolea

Laia Alcolea abre las puertas de su universo más íntimo en PIEL

Un EP en el que las heridas de la infancia, la ansiedad social, el miedo al rechazo y la necesidad de pertenecer se transforman en canciones. Con una sólida formación como pianista clásica, la artista madrileña construye un lenguaje propio en el que conviven el pop de cámara, la canción de autora y las referencias a compositores como Khachaturian, Pergolesi o Debussy.

Cantante, compositora, productora y pianista, Laia Alcolea comenzó muy joven su formación musical en el conservatorio y, con los años, amplió su universo hacia el jazz, la música latina, la electrónica y el pop alternativo. Como intérprete ha trabajado en proyectos y giras junto a artistas como Ede, Delaporte, Eva McBel o Valeria Castro, mientras desarrollaba en paralelo una faceta propia como compositora y productora. ra da un paso especialmente personal con PIEL, un trabajo autobiográfico construido alrededor de cuatro canciones que recorren diferentes momentos de un mismo viaje emocional. El Muro, Me Da Igual, PIEL y Sin Filo hablan del aislamiento, las amistades que desaparecen, las inseguridades nacidas durante la infancia y, finalmente, de aquellas personas que permanecen cuando todo parece derrumbarse.

La música clásica ocupa además un lugar esencial en este universo. Las obras que acompañaron a Laia durante sus años de conservatorio regresan ahora transformadas en detonantes creativos y emocionales: no como simples citas o reinterpretaciones, sino como parte de un lenguaje en el que pasado y presente dialogan constantemente. Planeta 28 hablamos con Laia Alcolea sobre las heridas que atraviesan PIEL, su relación con la música clásica, el miedo al rechazo, las amistades que terminan sin respuestas y la búsqueda, todavía en construcción, de un lugar propio.


El EP explora la ansiedad social y las heridas de la infancia. ¿Fue terapéutico o doloroso transformar esos recuerdos tan íntimos en canciones para el público?

Todas las canciones que he escrito hasta ahora son autobiográficas, así que las siento como páginas de un diario en las que doy forma a mis pensamientos, mis emociones y las vivencias que me han marcado.

En este EP, más que un proceso doloroso, convertir esos recuerdos en música ha supuesto un gran desahogo y una forma de comprenderme mejor.

Así que, de alguna manera, creo que ha sido terapéutico porque, a día de hoy, aunque sigo conviviendo con las inseguridades que me dejaron esas experiencias del pasado, escribir sobre ellas me ha permitido mirarlas desde otra perspectiva, aceptarlas y seguir avanzando.

Hablas de amistades que desaparecen sin explicación. ¿Logró este disco cerrar esas preguntas que el tiempo dejó abiertas o sigue siendo una herida abierta?

No del todo. Creo que hay preguntas que solo pueden encontrar respuesta a través de una conversación entre las personas implicadas.

Escribir sobre ello y compartirlo con el público me ha ayudado a expresar cómo me sentía y a liberar parte de ese peso, pero eso no sustituye las respuestas que nunca llegaron.

Hay heridas que el tiempo consigue suavizar, aunque no siempre cerrar por completo, y supongo que aprender a convivir con esa incertidumbre también forma parte del proceso.

El proyecto se articula en cuatro capítulos. ¿Cuál es el hilo conductor que los une?

En realidad, no siento que sean cuatro capítulos independientes, sino cuatro partes de una misma historia. Todo el EP gira en torno a un mismo recorrido emocional: entender cómo las experiencias y los vínculos que han marcado mi vida han influido en la forma en la que me relaciono conmigo misma y con los demás.

El Muro habla de la angustia, la soledad y del bloqueo que aparece cuando sientes que no eres capaz de querer o de conectar con quienes te rodean. Pero ese bloqueo no surge de la nada, sino que es el resultado de distintas vivencias que se han ido acumulando con el tiempo.

En Me Da Igual abordo una ruptura emocional, mientras que PIEL habla de las dificultades que experimenté desde pequeña para sentirme aceptada y de cómo esas experiencias siguen dejando huella en mi presente.

Sin embargo, el EP no termina en ese lugar. Sin Filo representa la esperanza y el agradecimiento hacia mi familia y hacia las personas que han permanecido a mi lado.

Gracias a ellas he encontrado la fuerza para seguir adelante y he comprendido que, incluso cuando las heridas forman parte de ti, también es posible construir nuevas formas de mirar el pasado y avanzar.

Tu formación en el conservatorio es una de las bases de este trabajo. ¿Cómo fue el proceso de romper con cierta rigidez académica para encontrar tu propia voz dentro del pop de cámara?

La verdad es que no me resultó difícil. Tanto durante el conservatorio profesional como en los estudios superiores, siempre sentí que tenía una forma de entender la música que se salía un poco de lo esperado.

Aunque valoro muchísimo la formación clásica porque me ha dado las herramientas con las que hoy puedo crear, también necesitaba encontrar un espacio en el que pudiera expresarme con total libertad.

Este proyecto me permitió precisamente eso: escribir y construir los arreglos sin sentir que debía ajustarme a unas normas o a una tradición concreta.

Más que romper con la formación académica, creo que se trató de integrarla en un lenguaje propio. La técnica dejó de ser un fin en sí mismo para convertirse en una herramienta al servicio de la emoción.

Lo único a lo que quería ser realmente fiel era a la música que necesitaba hacer y a la verdad que quería transmitir con ella.

Laia Alcolea

Mencionas que las obras clásicas elegidas funcionan como detonantes emocionales. ¿Qué autor o pieza conecta especialmente con el recuerdo más difícil del EP?

Sin duda, la Toccata de Aram Khachaturian. La introducción de PIEL nace directamente de la sección central de esa obra, escrita originalmente para piano solo.

A partir de ese material construí una adaptación para trío de cuerdas y piano y desarrollé una nueva rearmonización, buscando integrarla en el lenguaje sonoro del EP sin perder la esencia de la composición original.

Fue una forma de dialogar con una pieza que me ha acompañado desde mis años de formación en el conservatorio, donde tuve la oportunidad de estudiar varias obras de Khachaturian, un compositor por el que siento una profunda admiración y respeto.

La elección de esta obra no fue casual. PIEL habla de una etapa de mi infancia que coincide con el momento en que la estaba estudiando, alrededor de los doce años.

Fue una época en la que empecé a experimentar dificultades para sentirme aceptada y a desarrollar inseguridades que, de alguna manera, todavía me acompañan.

Recuperar esa música para el EP ha sido una forma de resignificar esos recuerdos y darles un lugar diferente a través de la creación.

El EP establece un diálogo constante entre tu niñez y tu presente. Al escuchar el resultado final, ¿qué le diría la Laia artista de hoy a aquella niña que sufrió el miedo al rechazo?

Sinceramente, creo que todavía sigo recorriendo ese mismo camino, así que no siento que tenga todas las respuestas.

Quizá no intentaría decirle que todo va a salir bien, porque no puedo prometerle eso.

Le diría que sea amable consigo misma, que no deje que el miedo defina quién es y que no olvide apoyarse en las personas que la quieren de verdad.

Con el tiempo he comprendido que no siempre podemos elegir lo que vivimos, pero sí la forma en que decidimos atravesarlo.

Y, aunque hay heridas que tardan mucho en cicatrizar, también existen personas capaces de recordarte quién eres cuando tú misma dejas de verlo.

El disco habla también de la búsqueda de un lugar propio. ¿Sientes que el lanzamiento de PIEL representa haber encontrado, finalmente, ese lugar en el mundo?

Creo que PIEL representa más el comienzo de esa búsqueda que su punto de llegada.

No siento que haya encontrado definitivamente mi lugar, pero sí que, por primera vez, estoy construyéndolo desde un sitio muy honesto.

Empezar este proyecto como LAIA ALCOLEA ha supuesto dar un paso importante: permitirme hacer la música que realmente quería hacer, sin intentar responder a expectativas ajenas.

Cada canción, cada decisión artística y cada experiencia que estoy viviendo con este EP han ido dándole forma a ese camino.

Es un proceso que todavía continúa, pero siento que, poco a poco y con cada paso, voy creando un espacio en el que puedo expresarme con libertad y reconocerme en lo que hago.

Para mí, ese es el verdadero significado de encontrar un lugar propio.

Has hablado de este EP como un proceso de reconciliación con el piano y con el repertorio clásico. ¿En qué momento esa música pasó de estar asociada a la exigencia académica a convertirse de nuevo en una herramienta de libertad y autodescubrimiento?

En realidad, el piano nunca fue el origen de mis inseguridades. Lo que necesitaba era tomar distancia del contexto académico en el que había desarrollado gran parte de mi formación.

El conservatorio me ha dado una base musical de un valor incalculable y estoy profundamente agradecida por todo lo que aprendí allí, pero también es un entorno que exige un nivel de dedicación y de autoexigencia muy alto.

Durante años conviví con la presión de las horas de estudio, la preparación constante del repertorio y la sensación de tener que responder a unas expectativas muy concretas.

Necesité alejarme de todo eso durante un tiempo para volver a acercarme a la música clásica desde otro lugar.

Tras dos años de distancia, he podido reencontrarme con ella sin sentir que debía demostrar nada.

Hoy la sigo abrazando con el mismo amor, el mismo respeto y la misma admiración de siempre, porque forma parte de quién soy. Son mis raíces, mis cimientos y, de alguna manera, mi lengua materna musical.

La diferencia es que ahora puedo integrarla en mi proyecto con total libertad, no como una obligación, sino como una herramienta para contar mi propia historia.


Con PIEL, Laia Alcolea no busca ofrecer respuestas definitivas ni presentar las cicatrices del pasado como heridas completamente superadas. Su propuesta resulta más interesante precisamente por lo contrario: porque acepta que algunas preguntas permanecen, que ciertas inseguridades continúan acompañándonos y que encontrar un lugar propio puede ser un proceso mucho más largo que una sola canción o un disco.

Entre el piano que marcó su infancia y la libertad creativa que reivindica en el presente, Laia comienza así una nueva etapa en la que la música clásica deja de representar únicamente una formación para convertirse en materia prima de su propio lenguaje.

Un lenguaje que mira hacia atrás sin quedarse atrapado en el pasado y que encuentra, en quienes permanecen y en la propia creación, una forma de seguir avanzando.